Los últimos 10 años han sido los más calurosos y, como siempre, los seres humanos somos quienes hemos ejercido un impacto directo sobre el proceso de calentamiento, mejor conocido como efecto invernadero.
Éste es causado por una serie de gases que se encuentran en la atmósfera, provocando que parte del calor del sol quede atrapado manteniendo la temperatura media global en alrededor de 15 °C, favorable para la vida, en lugar de -18 °C si este efecto no existiera. Así, durante millones de años, el efecto invernadero natural mantuvo el clima de la tierra a una temperatura estable. Los gases invernadero retenían el calor del sol cerca de la superficie de la tierra, ayudando a la evaporación del agua superficial para formar las nubes, las cuales devuelven el agua a la tierra, en un ciclo vital que, hasta hace unos años, estaba en equilibrio.
Todo cambió con el exceso de bióxido de carbono y otros contaminantes del aire se acumularon en la atmósfera formando una capa cada vez más gruesa, atrapando el calor del sol y causando el calentamiento del planeta. La principal fuente de contaminación por la emisión de bióxido de carbono son las plantas de generación de energía a pase de carbón, pues emiten 2,500 millones de toneladas de CO2 al año. En segundo lugar están los automóviles, que emiten casi 1,500 millones de toneladas de CO2 al año. Los expertos dicen que si no se revierten las emisiones que causan este proceso, a finales del siglo las temperaturas promedio podrían aumentar de 5 a 10 °C, lo que resultaría fatal para la vida del planeta.
Suena complicado, pero no es nada comparado con lo que nos espera si no hacemos algo pronto.
domingo, 15 de noviembre de 2009
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